No importaba
que la canción de turno estuviera a un volumen ensordecedor, que chicos y
chicas a los que nunca había visto – así que aparte de estar metido en aquella
casa todo mi instituto probablemente también se hubieran dejado caer por allí
gente de Portailor o de alguno de los otros pueblos cercanos – bailaran y
rieran a mi alrededor o que Violet estuviera a mi lado dándole un trago a su vaso
mientras murmuraba cosas que mi cerebro se negaba a procesar, porque solo era
capaz de mantener la vista clavada en la puerta de la entrada a la espera de
ver aparecer a Roman.
“¿Y si te ofreciera el recuperar a tu queridísimo
amigo Roman?”
La maldita
oferta de Cameron se había instalado en mi mente con el único fin – y de eso
estaba totalmente segura – de torturarme y es que con ella el caballerete de
Mason me había dejado claro que prácticamente estaba sentenciado que iba a
perder a Roman sin importar lo que hiciera por evitarlo, lo que a su vez
acarreaba que me entraran ganas de chocar una y otra vez mi cabeza contra la
pared ya que, por ironías del destino, había sido yo y solo yo, la estúpida que
había lanzado a mi amigo a los brazos de Betty.
“¿Qué te mueres por estar con Betty ‘en boca de
todos’ Michele pero te retraes porque aún no te has acostado con nadie? No te
preocupes Roman, aquí estoy yo. Vamos a follar como si tal cosa para que al fin
puedas estar con esa Barbie del demonio ¿de acuerdo? Y sí, tranquilo que todo
seguirá como si nada entre tú y yo. Puede que me de cuenta de que estoy un poco
colada de ti y que sienta auténtico pavor ante esa simple idea pero ¡oye! No es
tu culpa así que yo haré como si nada de todo esto me afectara ¿sí? así no te
incomodaré lo más mínimo mientras veo como empiezas a salir con la arpía reina
y mandas a la mierda nuestra amistad ya que según Cameron eso es lo que pasará
porque tu adorada Betty es una psicópata que te atará al cabecero de su cama
para que no puedas huir, cosa que tampoco creo que hicieras ¡porque estarías
atado a la puñetera cama de la tía de tus sueños!”
-
Necesito otra copa – bufé apurando
la última gota del mejunje indescriptible que Violet me había preparado.
-
Y yo necesito que me digas de que
has estado hablando con Cameron – contestó mi amiga escudriñándome con la
mirada – porque tu humor ha caído peligrosamente en picado tras haber estado
con él.
Me moría de
ganas de contarle todas las chorradas no tan chorradas que Cameron me había
dicho y reírme con ella de la absurdez extrema que acompañaba al plan que
nuestro adorado rey estudiantil había
maquinado para conservar su trono pero, seamos realistas, la relación de Violet
con su primo no pasaba por su mejor momento y no sabía cómo se tomaría el saber
que Cameron daba por hecho que lo de Betty y Roman podía ser una sorprendente e
inesperada realidad y, sobretodo, no sabía cómo se tomaría el pequeño e
insignificante detalle de que al parecer las cartas que nos habían tocado para
jugar en esa partida no eran muy alentadoras por lo que era bastante probable
que el Roman Lemacks que conocíamos desapareciera por una temporada, así que
parecía que lo más sensato que podía hacer era mantener mi boquita de piñón
cerrada.
-
Cualquier persona con dos dedos
de frente se habría puesto de mal humor si hubiera tenido que soportar a Cam
durante más de cinco minutos seguidos.
-
Touché
– convino mi amiga alzando su vaso.
Y ahí
estábamos nosotras, plantadas como setas contra la pared para evitar ser
arrolladas por nuestros cada vez más borrachos compañeros, cuando apareció con
aire triunfal e increíblemente arrebatadora Betty ‘en boca de todos’ Michele.
-
Dime que lo que ven mis ojos no
es cierto – bufó Violet con los ojos como platos.
-
Me temo que si – acerté a decir
sin apartar mi mirada de Betty – oficialmente creo que podemos decir que no
pertenecemos a la misma especie que ella. Es imposible que a un ser humano
normal le quede un vestido de ¿licra? ¿latex? como le queda a la reina madre.
-
No te falta razón, pero no me
refiero a eso sino a eso – espetó mi
amiga acentuando la última palabra mientras señalaba de manera bastante obvia
la mano de perfecta manicura francesa de Betty, mano que se cerraba entorno a
la de…
-
¡Prue! – la voz de Roman resonó
sobre el barullo y mi estúpido corazón estuvo a punto de salírseme por la boca
a causa de la impresión.
Vale, digamos
que es cierto que estaba deseando que Roman llegara a la fiesta y digamos
también que es cierto que esperaba que él no se comportara de una forma un
tanto extraña o que no usara un tono algo distante conmigo después del
encuentro que tuvimos el día anterior ¿pero era realmente necesario que cumpliera
con todas mis expectativas mientras llevaba del brazo cual ganchete a Betty?
¿era necesario que me restregara de una manera tan obvia delante de mis santas
narices que efectivamente una piedra en sus zapatos le producía más molestias y
más quebraderos de cabeza que el hecho de haber perdido la virginidad conmigo?
“Pero recuerda que así es como se supone que debe
ser. Recuerda que así es como se supone que tú tienes que actuar”.
-
¿Serás capaz de ser medianamente
cordial con tu primo y compañía durante dos minutos? – le pregunté a Violet
conforme Roman y Betty se acercaban a nuestro reducido territorio de paz.
-
¿Dos minutos? Sí, creo que seré
capaz – contestó sonriendo con malicia.
“Si tú lo dices…”
-
Esto tiene muy buena pinta
¿verdad? – dijo mi amigo algo incómodo cuando estuvo lo suficientemente cerca
de nosotras, de mí, como para que no tuviera que desgañitarse para hacerse oír
- ¿lleváis mucho tiempo aquí?
Que Roman
hubiera señalado que esa macro fiesta tenía “buena
pinta” cuando, conociéndole como le conocía, sabía perfectamente que él
estaría mucho más cómodo en medio del mar rodeado de tiburones que en un lugar
como la casa de Kevin solo podía deberse a dos motivos y esos eran:
1) La
influencia de Betty Michele empezaba a hacer mella en él a una velocidad
realmente preocupante.
2) No
había encontrado otro modo de hacerme ver que todo estaba rematadamente bien y
normal entre nosotros que soltando esa estupidez para nada propia de él.
Y si, puede
que quizá me estuviera sugestionando un poco y estuviera buscándole las cinco
patas al gato en todo lo que concernía a Roman por culpa de mi conversación con
Cameron y, sobretodo, por culpa a que sentía como si una jauría de perros
rabiosos hubieran decidido anidar en mi estómago y se revolvieran en busca de una
salida cada vez que mis ojos se desviaban inconscientemente a las manos
entrelazadas de ese par. Y sí, quizá debería tranquilizarme y contar hasta diez
para aplacar esa vena asesina que se estaba apoderando de mí y que fantaseaba
con descuartizar a ‘en boca de todos’ en
menos de cinco minutos pero ¡ey! ¡soy
un maldito ser humano cuyo raciocinio ha desaparecido por completo! aspecto
que, según las mil series policíacas que he tenido que ver estoicamente durante
toda mi vida por culpa al cuestionable gusto seriéfilo de mi madre, podría
alegar ante el juez como enajenación mental transitoria si decidiera dar luz
verde a mis sangrientos deseos pero bueno, no profundizaré demasiado en ello
porque realmente no quiero quedar como una completa psicópata ante nadie.
-
El tiempo justo como para que
necesitemos rellenar nuestras copas – contestó Violet con fingida jovialidad
meneando el vaso.
Esa fue toda
la aportación que ofreció mi amiga para que la situación no fuera tan sumamente
tensa como lo iba siendo hasta ese momento.
-
Me encanta tu vestido, es súper
cool.
Exactamente, esa
fue la aportación que decidió brindar Betty Michele para romper el gigantesco
glacial que había entre todos nosotros y, por si acaso os lo preguntáis, su
comentario iba exclusivamente dedicado al modelito de Violet porque si desde
que Roman y ella habían llegado yo no había podido despegar mis ojos de ellos,
Betty por el contrario había actuado como si yo fuera totalmente invisible y
había puesto toda su divina atención en mi amiga lo que, entre tú y yo, era un
craso error teniendo en cuenta el tremendo odio que esta le profesaba a ‘en boca de todos’.
-
Espero que eso no signifique que
me lo vas a robar o destrozar porque verdaderamente creo que me sienta genial y
sería una pena que terminara en el cubo de la basura solo porque decidieras
darle rienda suelta a tu zorrez
extrema.
¿Veis a lo que
me refería?
-
¿Zorrez? Querida, creo que ese término no está recogido en el
diccionario – contestó como si nada Betty sacudiendo su dorada melena.
-
Lo estará, no te preocupes – dijo
a su vez Violet sin dejar de sonreír – y al lado de su definición aparecerá una
foto tuya. Es una suerte que seas tan tremendamente fotogénica ¿verdad?
-
Violet, creo que ya es suficiente
– intervino Roman lanzándole a su prima su mejor mirada de “deja de joderme de una puta vez”.
-
Eso mismo podría decirte yo a ti
– espetó mi amiga cruzándose de brazos – ya has demostrado que puedes ser tan
capullo como el resto de descerebrados que se han dejado camelar por esta
víbora así que ¿por qué no la mandas a la mismísima mierda y vuelves a ser el
Roman de siempre? Porque sinceramente te digo que es realmente penoso ver día
tras día como babeas por el culo de esta señorita y ¿sabes qué? Que no soy la
única que lo piensa – que no diga mi
nombre, que no diga mi nombre, que no diga mi nombre – Prue también cree
que estás haciendo el ridículo y que estás comportándote como un completo
gilipollas así que baja de una vez de las nubes y deja que el puto ciclo vital
vuelva a girar en el sentido en el que le corresponde.
Bueno, lamento
informaros que aquel sábado de mediados de septiembre tuvo lugar el comienzo de
la Tercera Guerra Mundial cuyos bandos estaban encabezados por Violet Ives y
Roman Lemacks, y en la cual yo no tenía ni la más remota idea de dónde debía de
posicionarme.
“Suiza. Me pido ser Suiza”.
-
Si alguno de los dos está
haciendo el ridículo aquí esa eres tú – contraatacó Roman - ¿y sabes por qué?
Porque solo tú eres capaz de odiar a una persona a la que ni siquiera te has
tomado la jodida molestia de conocer simplemente porque cuando eras cría te hizo
una trastada – la cara de Violet comenzó a teñirse de rojo conforme su primo
iba lanzando cada una de sus palabras y es que, hacía bastante años que
habíamos acordado que jamás volveríamos a hacer referencia alguna al que fue el
episodio más traumático de la niñez de mi amiga pero claro, supongo que los
pactos se rompen cuando la amistad desaparece o se resiente - ¿y qué es esa
mierda del ciclo vital? ¿te has comido a Timón
y Pumba antes de venir o qué? Porque es la mayor gilipollez que te he oído
decir nunca. Se supone que eres mi prima, se supone que eres mi amiga y que me
quieres lo suficiente como para desear que sea feliz de la manera que yo y solo
yo elija serlo así que deja de ponerme putas piedras en el camino Violet,
déjalo ya porque solo consigues ponerte en evidencia y demostrar que eres una
chalada que lo único que quiere en la vida es manejar a los demás a tu antojo y
tú – espetó señalándome por primera vez a mí – tú… joder, ni siquiera sé que
decirte a ti porque te juro que ahora mismo soy incapaz de entenderte.
Pero yo si era
capaz de entenderle a él, de entender sus ojos cargados de decepción.
No hacía falta
que expresara con palabras lo traicionado que se sentía y tampoco hacía falta
que expresara con palabras todas las preguntas no formuladas que le rondaban
por la cabeza, preguntas que básicamente se podían resumir en una sola: ¿por
qué me había ofrecido a ayudarle a conseguir a Betty, por qué me había prestado
a perder la virginidad con él, si pensaba que era una completa locura que esa
relación alguna vez viera la luz del sol?
“Ojalá lo supiera, ojalá supiera en que preciso
instante creí que era una buena idea”.
-
Roman…
-
Qué, ¿vas a decirme que no has
estado jugando a dos bandas? – bufó mi amigo taladrándome con la mirada - ¿vas
a decirme que mientras me animabas a salir con quien me diera la gana no te
dedicabas a ponerme a parir con mi prima a mis espaldas? – si todo fuera tan sencillo, si todo se pudiera simplificar tanto… - No
sé a qué cojones estás jugando Prudence, pero lo que sí sé es que no voy a
seguir participando en toda esta mierda así que – esta vez sus ojos enfurecidos
también se posaron en Violet – olvidaos de mí ¿está claro? Olvidaos de mí las
dos.
Hay algo que debéis
saber acerca de mí y es que odio, ODIO, llorar en público.
Odio con toda
mi alma mostrarme vulnerable ante nadie porque no hay nada que me produzca más
nauseas que la simple idea de despertar pena, lástima o como queráis llamarlo,
a alguien por el mero hecho de que se encontraba frente a mí en el preciso
momento en que unas pocas lágrimas traidoras se escurrían por mis mejillas pero
esa noche, cuando vi alejarse a Roman de mí, no pude evitar que mis ojos se
tornaran vidriosos y que los sollozos me sacudieran pese a que a mi alrededor
había un millón de personas deseosas de grabar con sus estúpidos móviles a
cualquier ser patético que se dejara a sí mismo en evidencia en medio de lo que
prometía ser la fiesta del año.
“No llores, no llores. Ni se te ocurra llorar”, me
ordenaba mentalmente mientras, por culpa de las lágrimas, todo se tornaba
borroso ante mí.
Cualquier cosa
podría haberme imaginado que sucedería esa noche y desde luego no era tan ingenua
como para no contar con que Violet y Roman tuviera un encontronazo, al fin y al
cabo ambos tenían un carácter bastante similar en según qué aspectos y tarde o
temprano tendrían que saltar por los aires todo lo que se habían guardado para
sí durante días, pero ni por asomo se me había pasado por la cabeza que me
vería en medio de esa batalla campal y que Roman depositaría toda su frustración
y todo su dolor sobre mis hombros haciéndome exclusivamente a mí responsable de
todo el mal que parecía azotar al universo entero.
-
¿Prue? ¿estás bien? – la mano de
mi amiga me frotó el brazo de manera reconfortante – no dejes que ese capullo
que tengo como primo nos estropeé la noche. Allá él si quiere joderse la vida
estando al lado de esa… de esa… por favor, ¡ni si quiera tengo calificativos
suficientes para describirla!
-
Lo he fastidiado todo – mascullé mientras
contenía a duras penas las lágrimas que se habían agolpado en mis ojos.
-
¿Qué? ¡no! ¡claro que no! –
exclamó Violet obligándome a girarme hacia ella - tú no tienes la culpa de que
a Roman le hayan lavado el cerebro, ese mérito solo podemos atribuírselo a
Betty.
¿Cómo decirle
a Violet que se equivocaba? ¿Cómo decirle que yo, y no Betty, era la única
responsable de que todo se hubiera ido al traste? ¿Cómo decirle su primo estaba
en lo cierto cuando había dicho que en cierto modo le había empujado a los
brazos de ‘en boca de todos’? ¿Cómo
decirle que mis lágrimas reprimidas no eran a causa de una estúpida discusión
sino del sentimiento de pérdida que me había sacudido de arriba abajo cuando Roman
se había separado de mí para dejarse consolar por Betty?
No sabía en qué
preciso instante dejé de ver a Roman como una persona independiente a mí, como alguien
cuya vida iba en paralelo a lo mía en lugar de entrelazada, a alguien o algo
que sentía como si fuera intrínsecamente mío, como si Prue no existiera sin
Roman y Roman no existiera sin Prue. No sabía si ese sentimiento había estado
agazapado dentro de mí durante años o si había aparecido de golpe y porrazo
como resultado de los últimos y surrealistas acontecimientos que habían tenido
lugar en mi vida. No sabía si quiera si le veía como a un chico en lugar de
como esa masa de carne y hueso asexual que siempre había sido para mí.
“¿Pero quiero acaso saberlo? ¿Quiero de veras
descubrir qué significa a estas alturas Roman para mí?”
La respuesta
era no.
Quizá estuviera
pecando de cobarde pero no quería abandonar mi pequeña parcela de confort donde
la gente por la que estaba dispuesta a dar todo lo que era y todo lo que tenía
estaba perfectamente catalogada en dos simples grupos: amigos y familiares; no
quería tomarme el tiempo necesario para aclarar mis ideas porque quizá
descubriera que ya no me alcanzaba con ser única y exclusivamente amiga de
Roman Lemacks sino que necesitaba ser algo más, algo que nunca estaría a mi
alcance porque para él siempre sería…
“Nada. Para él no soy nada. Para él ya no soy nada…”
Un quejido
escapó de mis labios cuando mi cerebro sumo dos más dos y comprendió que Roman
había tirado por la borda nuestros años de amistad porque había antepuesto el
deseo de meterse entre las piernas de Betty a todos los recuerdos que habíamos
atesorados desde nuestra niñez.
“Y él era el que se preocupaba porque nada cambiara
entre nosotros. Él era el que decía que no quería perderme”.
-
Ey,
escúchame bien – dijo Violet envolviéndome en un abrazo – Roman no hablaba en
serio cuando dijo que pasáramos de él. Le conoces tan bien como yo como para
saber que ha sido uno de sus estúpidos arrebatos así que no te preocupes ¿de
acuerdo? Cuando las cosas le vayan como el culo con Betty, cosa que no tardará
en suceder, volverá a nosotras arrastrándose y dentro de nada le estaremos
tomando el pelo diciéndole “¿te acuerdas
de esa vez que perdiste los vientos por ‘en boca de todos’ y ella te rompió el
corazón porque fuiste tan idiota como para caer en sus redes pese a nuestros
sabios consejos de que debías mantener alejado de sus cantos de sirena
diabólica?”
-
Está enamorado de ella enserio,
Violet – contesté en un hilo de voz – no es capricho pasajero así que todo este
embrollo no se va a solucionar en dos días.
-
Puede que en dos días no pero
quizá en diez si – buena suerte
intentando hacer cambiar de opinión a Violet Ives – el ingrediente
principal que se necesita para hacer polvo sentimentalmente a alguien es que
ese alguien te ofrezca en bandeja de plata su corazón y créeme, Betty lo sabe. Va
a hacer que mi primo pierda la cabeza por ella y que le baje la luna del cielo
si es preciso, y cuando le tenga totalmente domesticado y a sus pies, ¡pum! si te he visto no me acuerdo.
No voy a negar
que me hubiera encantado creer a pies puntillas en las palabras de mi amiga y
tampoco voy a negar que habría matado al mismísimo demonio si hubiera sido
necesario para hacer que todo volviera a ser como antes, que los tres siguiéramos
siendo una piña indestructible sin ningún drama planeando sobre nosotros pero
no podía engañarme más a mí misma de lo que ya lo estaba haciendo en esos
momentos.
Una mentira
podía autoconsentírmela, dos también, ¿tres? tres eran ya demasiadas.
-
Necesito solucionar las cosas con
él – dije librándome del abrazo osa de Violet.
-
No creo que sea buena idea que
vayas ahora a…
-
Lo necesito, Violet – la interrumpí
secándome las lágrimas que había sido incapaz de contener – lo necesito de
veras.
No esperé a
tener el beneplácito de mi amiga porque no creo que hubiera sido capaz de
conseguirlo ni en mil vidas que viviese sino que directamente seguí el camino que no hacía mucho habían
tomado Roman y Betty de la mano y busqué frenéticamente a ambos entre todos
aquellos chicos que bailaban y bromeaban.
Dos vueltas
completas por toda la planta baja de la casa – me negaba a buscar en la planta
superior porque eso habría supuesto que mi cerebro se planteara que quizá esa
sería la gran noche, la noche en la que Roman Lemacks entraría por la puerta
grande a endosar la amplia lista de juguetes sexuales pertenecientes a Betty
Michele, y ciertamente prefería seguir ignorando que eso tarde o temprano
pasaría – y aún no me había topado ni por error con alguno de los dos, por lo
que comenzaba a plantearme seriamente que quizá se hubieran marchado de la
fiesta tras la calurosa bienvenida
que les habíamos brindado cuando Cameron se acercó de nuevo a mí mientras
repartía a diestro y siniestro sonrisas rompecorazones.
-
Están en el patio trasero – dijo tendiéndome
un vaso de cerveza – por si te interesa saberlo.
-
No sé a qué te refieres –
contesté cruzándome de brazos, aunque mis ojos me traicionaron cuando inevitablemente
clavé mi mirada en la puerta que conducía a la parte trasera de la casa.
-
No, claro que no – convino Cam -
y tampoco has estado llorando, ¿verdad?
-
Verdad.
-
Ya decía yo que ese churretón
negro que tienes en la mejilla izquierda no podía ser rímel.
Bueno, no
podía negar que gracias a Cameron había dejado de estar angustiada para estar
al borde de un ataque de ira. Un gran avance, desde luego.
-
¿Alguna chorrada más o…?
-
¿O ya puedes ir corriendo tras el
rastro de Roman a comprobar por ti misma que todo lo que te dije antes era
cierto? – terminó por mí Cameron mientras le daba un trago a su cerveza – bueno,
quien soy yo para impedirte nada, ¿verdad? Pero si no te importa me gustaría
acompañarte. Hace demasiado calor aquí y no me vendría mal tomar un poco de
aire fresco.
Podía pasarme
el resto de la noche discutiendo con Cam, lo que en cierto modo resultaba
tentador, o bien podía ir e intentar hablar con Roman para solucionar las cosas
aunque tuviera que soportar que Mason me acompañara amablemente hasta mi
destino.
Sorprendentemente,
teniendo en cuenta que por cada segundo que pasaba en compañía de Cameron
sentía como si perdiera días de vida, opté por la segunda de mis opciones.
-
¿Quién soy yo para impedirte
nada? – contesté repitiendo sus mismas palabras.
Una sonrisa burlona
apareció en el perfecto rostro de Cameron y, antes de que hubiera tenido la oportunidad
de dar un solo paso, Mason le encasquetó su vaso vacío al primer pardillo que
pasó por su lado y colocó su mano en mi cintura para conducirme hasta el patio.
La luna se
alzaba majestuosa sobre nosotros cuando logramos atravesar la barrera humana
que había congregada en la puerta trasera – algún genio había tenido la
fabulosa idea de colocar el barril de cerveza junto a ella para hacer que fuera
un caso propio de “Misión imposible”
el conseguir salir al patio – y las estrellas brillaban en el cielo con esa
intensidad imposible de disfrutar en la gran ciudad.
En otra
ocasión me habría quedado embobada contemplándolas y me habría puesto verde de
envidia al ver que el patio trasero de Kevin se trataba de una enorme extensión
de césped cuidadosamente cortado donde una lujosa piscina te daba la bienvenida
y te invitaba a tomar asiento en los carísimos muebles de exterior que habían
situados próximos a la valla, en lugar del cochambroso terreno atestado de
trastos viejos que era el de mi casa pero esa noche no, esa noche todo lo que
me rodeaba – y sí, eso también incluía a Cameron – era totalmente invisible
para mí porque únicamente era capaz de ver como Roman besaba a Betty, como esta
sostenía el rostro de mi amigo entre sus impolutas manos, como él acariciaba su
espalda para finalmente colocar sus manos en la perfecta cadera de ‘en boca de todos’ y estrechar de este
modo su cuerpo con el de ella para impedir que ni siquiera la más ligera brisa
se interpusiera entre ellos.
“¿Qué esperabas encontrar? ¿a Roman completamente
hundido mirando al firmamento?”, masculló una
vocecita en mi cabeza mientras mi corazón se contraía hasta volverse del tamaño
de un grano de arroz.
-
No quiero resultar repetitivo –
dijo como si tal cosa Cameron a mi lado mientras me ofrecía por segunda vez un
vaso de cerveza que tenía pinta de haber aparecido de la nada – pero ¿sigues
sin querer aceptar mi oferta? ¿replantearla si quiera?
-
De momento me limitaré a aceptar
esa cerveza – logré contestar arrebatándole el vaso a Cameron para darle un
largo trago – y luego… luego ya veremos.
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