- Será mejor que entremos, así podremos hablar mas cómodamente – dijo Courtney estrechándome aun con fuerza en sus brazos.
No fui consciente de lo que había
extrañado ver ese pequeño recibidor de paredes empapeladas y
moqueta perlada hasta que hube puesto un pie en el.
Era imposible enumerar las veces que
me había escondido en el armario donde la familia Applewhite solía
guardar su ropa de abrigo cuando jugaba de pequeña con Courtney al
escondite, al igual que era imposible no recordar las risas
cascabeleras que habían resonado cuando mi escondite había sido
descubierto.
- Courtney ¿va todo bien? - preguntó la señora Applewhite desde la sala de estar - ¿quién era?
- ¡Es Prue mamá! – contestó. Se giró hacía mí y sonriendo afablemente me dijo – ve subiendo a mi habitación ¿de acuerdo? Yo iré a decirle a mis padres que vas a pasar la noche aquí.
- Courtney no quiero ser una molestia – dije entre sollozos – no debería haberme presentado aquí sin avisar y mucho menos una noche como esta pero es que...
- No digas nada mas – me frenó mi amiga – no es necesario que digas nada mas. Espérame arriba.
Abatida por los acontecimientos que
habían tenido lugar en la noche me abstuve de replicar y subí
lentamente a la habitación de Courtney.
Su habitación era algo mas pequeña
que la mía por lo que en un intento de ganar espacio Courtney había
arrinconado su cama bajo la ventana. Un pequeño escritorio ocupaba
el resto de la pared, escritorio que estaba atestado de apuntes,
libros y partituras; y sobre el había un par de baldas donde
descansaban algún que otro peluche y los trofeos que había ganado
Courtney gracias a sus dotes musicales.
Tomé asiento en el mullido sillón
donde mi amiga solía acurrucarse para leer y allí permanecí
rígida, sin moverme ni un solo milímetro hasta que Courtney entró
en la habitación portando una bandeja con dos tazas de lo que
parecía ser chocolate caliente y un plato de pastas caseras.
- Mi madre pensó que te vendría bien tomar algo caliente – dijo Courtney colocando la bandeja sobre mis rodillas.
- Gracias – contesté a la par que cogía una de las tazas y sorbía un poco de cacao – está delicioso.
- Ya sabes que es la especialidad de la casa – apostilló Courtney mientras se arrodillaba frente a mí y cogía una pasta.
- Si, lo sé – dije sonriendo débilmente – es solo que había olvidado lo rico que estaba.
- ¿Pasamos unas cuantas semanas sin hablarnos y ya te olvidas del espectacular chocolate casero de mi madre? - me recriminó burlonamente Courtney - ¡que decepción!
- Lo siento – murmuré entre sollozos.
- Mujer, no seas tonta ¡era solo una broma! - dijo mi amiga estrechando con afecto mi mano – tenemos un serio problema si empiezas a llorar por culpa de una taza de cacao.
- Sabes que no es por eso – contesté.
- ¿Y por qué es? ¿por qué lloras si ya está todo bien entre nosotras?
- Porque he sido una estúpida orgullosa estas últimas semanas – reconocí – tenías razón en todo lo que me dijistes, no soy capaz de aceptar las críticas. Enseguida salto a la defensiva sin importarme nada ni nadie. No me doy cuenta del daño que le hago a los demás hasta que ya es demasiado tarde por eso no logro comprender porque me has abierto las puertas de tu casa.
- Por la simple razón de que eres mi mejor amiga, casi una hermana – contestó Courtney – no eres perfecta ¿y qué? ¿acaso yo lo soy? Dos no discuten si una no quiere y debo reconocer que perdí las formas en nuestra discusión. No debí hablarte como lo hice ni entrometerme en tus decisiones pero lo único que quería evitar era que te lastimaran Prue.
- Lo sé, sé que todo lo que me dijistes era por mi bien y te lo agradezco.
- Entonces ya esta todo olvidado – sentenció – y ahora cuéntame, ¿que ha pasado? ¿has tenido problemas con tus padres?
¿Que si he tenido problemas con
mis padres? No... no he tenido problemas con ellos, ellos son mi
gran, gran problema.
- Se podría decir que si – asentí – esta noche ha sido horrible Courtney, de las peores de mi vida.
- Vamos, no puede ser peor que la noche que pasamos en casa de Stacy cuando teníamos quince años o ¿acaso ya olvidastes que nos obligó a ver todas las películas de “El pequeño Pony”? Aun tengo pesadillas con esos caballitos del demonio.
- Créeme que esta noche fue aun peor – aseguré - ¿sabes? Tuve la maravillosa idea de juntar a mis padres hoy en la cena pensando que por una vez en la vida podría pasar una Navidad en familia pero sin ninguna duda fue un error... un grandísimo error.
- Discutieron ¿no? - aventuró acertadamente Courtney.
- ¿Que si discutieron? Te juro que llegué a pensar que se iban a lanzar el uno contra el otro, en especial mi madre que estaba totalmente insoportable. No paraba de lanzarle pullitas a mi padre hasta que él se hartó y se empezaron a echar mierdas mutuamente.
- En el fondo es normal, sobretodo la postura de tu madre ¿no crees? - dijo Courtney – cuando tu padre se fue tú apenas eras una cría y no sabías realmente lo que ocurría pero ella si. Fue ella la que tuvo que hacer frente a este nido de víboras que tenemos por vecinos.
- Ya sé que tiene motivos mas que suficientes para decirle de todo a mi padre pero debería ser consciente de lo que todo esto me afecta.
- Creo que es consciente pero debe tener mucha rabia dentro Prue. Ha estado muchos años guardando para si todo el tema relacionado con tu padre y ahora que él volvió se le debió remover todo.
- A veces me pregunto si hubiera sido mejor que mi padre nunca regresa – confesé – que nunca hubiera vuelto a saber nada de él.
- Bueno... eso ya nunca lo podrás saber – dijo Courtney encogiéndose de hombros – para bien o para mal tu padre regresó y tú decidistes darle otra oportunidad, cosa que te honra.
Bueno, eso de que te honra...
seamos realista, te beneficia mantener una relación papi e hija con
él. Al fin y al cabo se ofreció a pagarte los estudios en Standford
y al final a mamá no le quedará mas remedio que aceptar su
ofrecimiento porque sino tendrá que o bien que irse a vivir bajo un
puente, o bien decepcionarte y seguro que en estos momentos tiene
pavor a hacer tal cosa porque temerá que te vayas a la vieja Italia
con papá y ese modelazo italiano que tienes como... ¿padrastro?
¿papá sustituto? ¿papá 2.0?
Quien sabe, lo mismo si sigues
con el royo de “me afectan mucho vuestras discusiones” consigues
un coche nuevo, algo de ropa o si me apuras un apartamento coqueto
donde vivir y disfrutar de tus años universitarios. Cariño, tienes el
poder en esa carita de pena que Dios te dio.
- ¿Sabes? Mi padre se ofreció a pagarme los estudios universitarios – le confesé a Courtney – realmente fue ese el detonante de la macro discusión. Mi madre casi enloqueció al oírle decir eso. Fue algo en plan “métete tu asqueroso dinero por el culo”.
- ¡Pero si es una noticia fantástica! - exclamó Courtney – así podremos sobrevivir los primeros meses mientras nos acostumbramos a aquello sin tener que trabajar.
- Eh... si, respecto a eso tenía que comentarte algo – balbuceé – he cambiado de idea.
- ¿En qué sentido? - me preguntó contrariada Courtney - ¿no quieres que vivamos juntas?
- ¡No! ¡no es eso! - me apresuré a negar - ¡claro que quiero que vivamos juntas! Es solo que he estado ojeando mas detalladamente las universidades y prefiero asistir a Standford.
Que poco tiempo has tardado en
volver a fastidiarlo todo con Courtney. Deberías ir terminándote el
chocolate porque me temo que no tardará mucho en echarte de una patada en el culo de su casa.
- ¿Es por Roman, verdad? - dijo cabizbaja Courtney – no quieres ir a la misma universidad que él.
- No te negaré que prefiero poner algo de distancia entre él y yo – reconocí – pero el motivo principal es que Standford es una gran universidad, ya sabes la fama que tiene.
- Si, por supuesto que sé la fama que tiene. Por eso mismo no me la puedo permitir – contestó – el año que viene mis padres tendrán que pagar no solamente mi matricula, sino también la de mi hermana así que Standford se sale totalmente de nuestro presupuesto.
- Pero tú tienes un gran expediente y perteneces a una banda de música, eso juega a tu favor – dije – ya sabes la importancia que le dan a las actividades extraescolares, podrías solicitar una beca, estoy segura que te la concederían.
- Con la beca no tendría ni para empezar y lo sabes.
- ¿Entonces sigues pensando en ir a Berkely? - pregunté – bueno... ¿seguís pensando ir allí Roman y tú?
- Si, al menos yo si – contestó Courtney – la verdad es que no hablé aun de eso con Roman aunque quizás debería ir haciéndolo no vaya a ser que él también cambie de idea.
- ¿Estas enfadada conmigo? - le pregunté temiendo la respuesta que pudiera obtener.
- No... si... un poco – reconoció mi amiga – siempre quise compartir contigo ese momento de mi vida, ya lo sabes pero entiendo que quieras ir a Standford... ¿quién no querría?
- Piensa que estamos a unos cincuenta minutos de distancia – dije en un intento de animar a Courtney – podremos vernos siempre que queramos.
- Mas te vale - me amenazó con el dedo Courtney – y hablando de todo un poco ¿dónde piensa ir a estudiar Cameron?
Mierda. Mierda. Mierda. Mierda.
Como le diga que él también va a estudiar en Standford se pensará
que el único motivo por el que quiero estudiar en esa universidad es
por Cameron y entonces si que se va a enfadar conmigo.
Justo en ese momento alguien llamó
delicadamente a la puerta para después abrirla sin esperar
respuesta. Era la señora Applewhite que traía consigo una gruesa
manta y un pijama de estampado navideño.
- Siento interrumpir esta fiesta de pijamas improvisada pero pensé que Prue necesitaría algo de ropa cómoda y como no sé si es muy friolera o no también traje una de las mantas del salón – dijo la madre de Courtney mientras colocaba las cosas sobre la silla del escritorio - ¿necesitáis algo mas?
- No mamá, gracias – contestó Courtney.
- Entonces buenas noches chicas – dijo la señora Applewhite después de darnos un tierno beso a cada una.
Ambas
nos pusimos los pijamas y preparamos la cama en silencio. La verdad es
que estaba agotada y apenas tenía energía para mantener los ojos
abiertos pero aun así no pude contenerme, una vez que las dos
estuvimos acurrucadas en la cama de decirle a Courtney:
- Esta mañana escuché la conversación que mantuvisteis Roman y tú en el supermercado.
- ¿Cómo?
- Es que... tuve que ir a comprar un par de cosas, os vi a los dos y... y no pude evitar poner la oreja – reconocí algo avergonzada. Agradecía enormemente que estuviésemos a oscuras porque sabía perfectamente que mis mejillas estarían de un precioso tono rojo cangrejo.
- No sabía que tenías alma de espía.
- Necesitaba saber que era lo que pensaba realmente Roman – mascullé – ya sabes... que piensa sobre el tema cuando tiene la mente fría.
- ¿Y te has quedado satisfecha? - me preguntó Courtney algo molesta – quizás escuchastes algo que no deseabas oír pero supongo que ese es el riesgo de espiar conversaciones ajenas.
- Si hubieras estado en mi situación habrías hecho exactamente lo mismo – contesté.
- Lo dudo, porque si estuviera en tu situación me dejaría de tonterías y hablaría de una santa vez con Roman – dijo Courtney – pondría las cartas sobre la mesa y así podría pasar página. Bueno, si yo fuera tú cambiaría directamente de libro.
- Ya intenté hablar en muchas ocasiones con Roman y nunca funciona – me defendí – además él sabe perfectamente como están las cosas, sabe que le quiero al igual que yo sé que él quiere a Betty.
- Roman es un tío, al menos que te pares frente a él y le digas “Roman, te quiero” no sabrá lo que sientes por él – apuntilló Courtney – y creo que ni aun así porque está convencidísimo de que estás ultra pillada por Cameron, cosa que no es cierta ¿no?
- No, claro que no – negué – Cameron es solo un buen amigo, me lo paso bien con él ¿por qué todo el mundo piensa que él y yo tenemos algo mas?
- No sé... déjame pensar... ¿quizás porque cada vez que se os ve juntos estáis haciendo manitas o tenéis las bocas pegadas? - dijo irónicamente Courtney.
- ¡Eso no es cierto! - sabía perfectamente que en esos momentos Courtney estaba poniendo los ojos en blanco – vale... quizás alguna que otra vez pero te juro que ahora mismo solo somos buenos amigos. Quiero tomarme todo esto con calma. Él sabe lo que siento por Roman y entiende que no me lance a una relación a la ligera así que se conforma con unos cuantos arrumacos y un par de paseos.
- No creo que aguante esa situación mucho tiempo.
De nuevo nos quedamos las dos en
silencio. Las últimas palabras de Courtney habían hecho mella en
mí. Sabía que tenía razón, Cameron no soportaría durante mucho
mas tiempo esa absurda relación que manteníamos y mas si teníamos
en cuenta su extenso historial amoroso. Él estaba acostumbrado a
obtener rápidamente todo lo que quería de las chicas y aunque
conmigo era diferente y me respetaba no tenía todas conmigo de que
eso durase para siempre. Tarde o temprano tendría o bien que avanzar
o bien dar por finiquitada la historia con Cameron y, sinceramente,
no estaba preparada para llevar a cabo ninguna de las dos opciones
que me había auto impuesto.
- ¿Podrías alcanzarme el móvil? - me preguntó Courtney rompiendo el silencio.
- Si, claro - ¿para qué querrá el móvil a estas horas? - ¿acaso tienes novio y se te ha olvidado decírmelo?
- No, lo que tengo es muchas ganas de que todo esto termine así que... - me contestó Courtney mientras terminaba de teclear – le acabo de decir a Roman que se pase mañana por la mañana por mi casa. Obviamente no le he dicho que estás aquí porque entonces no se tomaría la molestia de venir, no te ofendas.
- ¡¿Pero tú estas loca?! - exclamé incorporándome de golpe, lo que hizo que el edredón fuese a parar al suelo - ¡lo que menos necesito en estos momentos es discutir una vez mas con Roman!
- Lo siento pero el mensaje ya está enviado así que ahórrate la histeria y duérmete – dijo como si nada Courtney – a no ser que quieras que mañana Roman te vea con unas ojeras que harían morirse de la envidia a cualquier oso panda.
- ¡Que me duerma dice! ¡¿cómo me voy a dormir?!
- Buenas noches Prue – y sin mas, Courtney apagó la luz.
Si te pones el despertador a las
cinco lo mismo te da tiempo de huir a hurtadillas aunque claro...
estaría muy feo ¿no crees? Al fin y al cabo esta adorable familia
te ha aceptado sin ningún problema un día como este y Courtney ha
sabido ofrecerte su apoyo así que si no quieres traicionar la
confianza que ella te da y seguir adelante con vuestra amistad
deberías aguantar mañana el tipo frente a Roman. Además ¿qué
demonios? ¡estás deseando volver a verle! Si supieras la cara de
tonta que se te pone cada vez que te topas con él...
Desperté a la mañana siguiente
sola en la habitación. Por lo que podía ver a través de la ventana
el día parecía haber amanecido abierto, ni una sola nube amenazaba
con dejar caer algún que otro copo de nieve por lo que algunos tímidos rayos de sol se atrevían a invadir la habitación.
Bajé de la cama de mala gana,
temiendo el día que se me venía por delante y cuando me debatía
entre ponerme la ropa de la cena anterior o cogerle prestado algo mas
cómodo del armario a Courtney esta entró trayendo consigo un tazón
de cereales y un par de tostadas.
- Te he traído el desayuno – dijo a modo de saludo – mis padres están discutiendo con mi hermana, para variar, así que la cocina es zona altamente peligrosa en estos momentos.
- Dicen que las discusiones matutinas son las mejores – contesté alcanzando una tostada.
- Será por eso que todas las mañanas hay alguna bronca en este maravilloso hogar.
- ¿Que hizo ahora tu hermana? - pregunté curiosa.
- La verdad es que no tengo ni idea pero hay tres grandes motivos por los que siempre se discute en esta casa – dijo solemnemente Courtney alzando la mano – el número uno es el coche, el número dos es el dinero y el número tres es el modelito de turno que decide ponerse mi hermana. Mi padre entra en cólera cada vez que la ve bajar por las escaleras con algún vestido, top o falda con el que enseña mas de lo necesario. Por cierto, eso me recuerda que tengo que dejarte algo de ropa. Por el bien de mis ojos tienes que quitarte de encima ese pijama tan horroroso.
- ¡Pero si el pijama es tuyo!
- Si, pero me lo compró mi madre así que es horrendo – aclaró Courtney mientras alcanzaba a coger unos vaqueros y una sudadera cualquiera.
Vas a estar totalmente
espectacular con este modelito ¿eh? No sé si Courtney lo habrá
hecho a posta o no pero vas a tener muy crudo llamar la atención de
Roman llevando encima una sudadera dos tallas mas grande de lo que te
corresponde. Courtney y su manía de comprarse las sudaderas enormes.
- ¿Estas bien? ¿prefieres que te deje otra cosa? - me preguntó Courtney como si hubiera leído mi mente.
- No, no... esto está genial – respondí.
- Bueno, en ese caso te dejo sola para que te arregles pero no tardes ¿de acuerdo? No creo que Roman tarde mucho en llegar.
MARAVILLOSO.
No llegaba a comprender porque
estaba tan nerviosa pero lo cierto era que un nudo había aparecido
en la boca de mi estómago y no tardé mucho en lamentar haber
desayunado porque tenía la sensación de que en cualquier momento podía
echar los cereales.
Sería una forma estupenda de
saludar a Roman – Hola, Roman ¿qué tal? Yo bien... ¡¡puaaaag!!
- si, sería un momento idílico.
Estaba trenzándome el pelo cuando
el timbre de la puerta resonó en el piso de abajo. No me hizo falta
escuchar como la señora Applewhite saludaba cordialmente a Roman
para saber que era él.
- ¡Courtney, Roman está aquí! – oí decir a la señora Applewhite.
No tardé en escuchar los pasos
presurosos de Courtney, pasos que se acercaban por las escaleras a
una velocidad preocupante. No me había dado tiempo a prepararme
mentalmente para este encuentro/encerrona y estaba totalmente tentada
de encerrarme en el armario hasta el final de los días.
- ¿Qué hace esta aquí? - dijo Roman nada mas abrir la puerta - ¿de que va todo esto Courtney?
- De nada – contestó Courtney encogiéndose de hombros – solo pensé que os vendría bien hablar y como da la casualidad de que los dos estáis en una casa extraña no os podréis dar el gustazo de gritaros como posesos porque sino será mi padre, o en su defecto mi madre, el que suba para dejaros claras un par de cositas.
- Mira... será mejor que me vaya – dijo Roman.
- Ni se te ocurra moverte ni un solo pelo mas Lemacks – amenazó Courtney – os voy a dejar a solas a los dos ¿de acuerdo? Y si ambos queréis seguir siendo mis amigos mas os vale portaros como personas civilizadas – nos miró inquisitivamente a los dos y finalmente salió de la habitación, no sin antes recordarnos una vez mas que las paredes de su casa eran de papel.
- ¿Ha sido tuya la idea de esta encerrona? - me preguntó Roman una vez que estuvimos a solas.
- ¡Por supuesto que no! - negué - ¿acaso te crees que a mi me hace especial ilusión estar encerrada aquí contigo? De buena gana me hubiera ido sino fuera porque no tengo a donde ir.
- ¿Cómo es eso que no tienes a donde ir?
- Es una larga historia – dije restándole importancia al asunto – solo quería dejarte claro que a mi esta situación me hace igual o menos gracia que a ti.
- De acuerdo.
Primer silencio incómodo y no
llevamos ni cinco minutos de conversación. Esto es un completo
error.
- ¿Qué tal anoche? ¿te salió comible el pavo? - me preguntó Roman.
- Prefiero no hablar de eso – contesté secamente.
- ¿Y de que quieres hablar? ¿unicornios, arco iris, duendecillos?
- De nada – espeté – no quiero hablar de nada.
- Por mi perfecto. Me largo – dijo Roman dirigiéndose decidido a la puerta.
- Roman, no te vayas – creo que me falta el aire – creo que tendríamos que hablar, si no lo hacemos por nosotros al menos hagamoslo por Courtney.
- Si, tienes razón – acordó Roman – que no se diga que me di el paseo en vano ¿no?
De forma cautelosa se acercó a mí
y con un movimiento de cabeza me indicó que tomara asiento en la
cama, cosa que no dudé en hacer porque sentía que mis piernas
estaban hechas de gelatina. Mientras yo me acomodaba en la cama de
Courtney él se deshizo con gracia de la cazadora y tomó asiento a
una distancia prudencial de mí.
- Esto es un poco raro ¿no crees? - dije en un intento de romper el hielo – parece mentira que no seamos capaces de mantener una conversación cuando antes a duras penas conseguíamos callarnos.
- Si... antes no nos callábamos ni debajo del agua.
- Además literalmente porque solíamos jugar a adivinar lo que el otro decía bajo el agua en el lago Loleylo ¿recuerdas?
- Dios, si – asintió sonriendo Roman – y mi padre siempre nos decía “no hagáis eso, podríais tragaros un renacuajo y en un par de meses tener una rana croando dentro de vuestros estómagos”.
- Tu padre y sus métodos para asustar a los críos – dije entre risas.
Eso esta mejor querida, habéis
traspasado la barrera de hielo. Bien por ti.
- Roman... la verdad es que me gustaría decirte algo – respira, respira, respira – no es algo que me resulte fácil de hacer pero Courtney me recomendó que lo hiciera y aunque en un principio pensé que estaba completamente loca, bien pensado creo que tiene razón.
- Prue espera, antes querría decirte yo algo ¿de acuerdo? - me interrumpió Roman – Quiero disculparme contigo – ante mi cara de desconcierto se apresuró a añadir - ayer tuve una conversación con Courtney y la verdad es que me hizo abrir los ojos. Creo que he sido muy injusto contigo en lo que se refiere al tema Cameron.
- Roman...
- No, no me interrumpas – volvió a frenarme – no es ningún secreto que hubo un momento en el que estuve algo confundido... creí sentirme atraído por ti porque sentía celos al verte con Cameron pero quizás mis celos se debieran a que temía que ese imbécil te apartara de mi lado y dejásemos de ser amigos, cosa que finalmente ha sucedido. Supongo que todo este tiempo he interpretado mal mis sentimientos. Yo estoy con Betty, tú con Cameron... y aunque sigo manteniendo que ese tío no te conviene y que tarde o temprano te lastimará Courtney me hizo comprender que debo dejar que cometas tus propios errores así que, por lo que a mi respecta no me entrometeré de ninguna manera en esa absurda relación que mantienes con Mason.
GENIAL.
- ¿Eso quiere decir que si me vieras ahora mismo liándome con Cameron te daría exactamente igual? - pregunté en un intento de provocarle.
- Así es – contestó Roman apretando levemente la mandíbula y forzándose en sonreír. Para una persona que apenas le conociera su tono de voz parecería despreocupado pero no para mí. Sabía que era todo una endeble fachada, una fachada que estaba dispuesta a derrumbar.
- No sabes como me alegra escuchar eso – veamos si es cierto todo lo que acabas de decir señor Lemacks – entonces ¿somos de nuevo amigos?
- Claro, por mí no hay ningún problema – dijo Roman relajándose un poco.
- ¡Genial! - exclamé – la verdad es que me moría por compartir algo contigo, algo un poco... íntimo. Echaba de menos eso de tener un amigo chico que me diera su visión particular de las cosas.
- Pues tú dirás, soy todo oídos – dijo Roman intrigado.
Empieza la función.
- Bueno, ya sabes que estoy saliendo con Cameron – primera mentira – y la verdad es que estoy muy ilusionada con esa relación – segunda mentira – sé que crees que no es de fiar pero te aseguro que es un chico excepcional y que me hace muy muy feliz... es como si viviera en una nube constante – ¿eso que acabo de ver es un ceño fruncido Roman? - así que creo que estoy preparada para... ya sabes.
- ¿Es una broma no? - me preguntó Roman en un tono de voz amenazadoramente suave.
- No, hablo totalmente enserio - ¿que tal te sienta eso? - es mas, pensé que quizás tú podrías darme algún que otro consejo porque ya sabes que estoy un poco verde en lo que a esta materia respecta.
- ¿A que estás jugando Prue? - saltó Roman poniéndose en pie - ¿crees de verdad que te voy a dar algún consejo para que te acuestes con ese gilipollas?
- ¿Por qué no? Pensé que éramos amigos y los amigos hacen estas cosas – contesté de manera inocente – no quiero hacer el ridículo cuando estemos en plena faena. Él se ha acostado con muchas chicas y tiene bastante experiencia, toda la que me falta a mí así que comprenderás que no quiera meter la pata.
- Prue...
- ¿Los chicos tenéis en cuenta el tema de la ropa interior o lo pasáis por alto? - continué como si nada – porque creo que no tengo ningún modelito así especial... quizás debería pensar en comprarme alguno.
- Para...
- Y con lo que respecta a la iniciativa, ¿debo tomarla yo o por el contrario dejar que él se encargue de todo? - vamos... estás deseando saltar, solo necesitas un empujoncito mas – porque a algunos chicos les gustan que les den todo hecho pero otros prefieren llevar la rienda de la situación.
- Enserio, para ya.
- Bueno y el lugar también es muy importante porque la verdad es que no me gustaría perder mi virginidad en un antro de mala muerte o en un coche – y el último empujoncito acaba de llegar – creo que el sitio idóneo sería mi casa. Mi madre suele trabajar hasta tarde así que tendríamos tiempo de sobra para estar a solas...
- ¡He dicho que pares! - explotó Roman - ¡no quiero oír ni una sola palabra más!
VOILÀ!
- Ya sé que me has dicho que pare pero ¿por qué debería hacerlo? - pregunté levantándome de la cama.
- ¡Porque no quiero saber nada de tus líos con Cameron! - reconoció Roman.
- ¿Y eso por qué? - vamos Roman, sé que puedes ser sincero - ¿acaso no me acabas de decir que no sientes celos cuando me ves con Cameron? ¿qué importancia tiene que te diga que quiero acostarme con él?
- ¡No quiero que te acuestes con él! ¿acaso no te das cuenta?
- Claro que me doy cuenta pero no logro entender porque te opones a que lo haga – vamos, vamos, vamos.
- ¡Porque me importas! ¿vale? - bufó Roman mirándome con furia - ¡me importas y no soporto la idea de saber que te vas a acostar con Mason!
- Cualquiera diría que estás celoso – apuntillé sonriendo con cierta satisfacción.
Ambos nos quedamos en silencio
mirándonos a los ojos. Podía ver un atisbo de ira en los de Roman,
ira que palpitaba igualmente dentro de mí. Todo los nervios, todo el
miedo que minutos atrás había sentido al pensar que tendría que
enfrentarme a él habían desaparecido gracias a la insulsa parrafada
que Roman había tenido la osadía de soltarme. Me negaba a creer que
eso fuera lo que él sentía realmente. Podía creer que sus
sentimientos hacia Betty fueran mas fuertes que los que sentía hacia
mí pero jamás asumiría que los besos que un día nos dimos fueron
meras banalidades.
- ¿No vas a decir nada mas? ¿ni si quiera te vas a tomar la molestia de volver a mentirme como hicistes hace unos minutos? ¿acaso no quieres volver a recalcar que te soy indiferente? - pregunté furiosa.
Sin mediar palabra alguna Roman se
acercó a mí y antes de que pudiera reaccionar sus manos sostenían
con fuerza mi rostro y sus labios buscaban con desesperación los
míos.
- ¿Esto es lo único que se te ocurre hacer para evitar contestar a mis preguntas? - dije apartándome de él.
- Se me ocurren mas cosas – contestó sonriendo enigmáticamente – muchas mas cosas.
Esta vez estrechó su cuerpo contra
el mío y lentamente, entre besos y caricias me llevó hasta la cama
de Courtney, donde no tardamos en estar tumbados uno sobre el otro.
No había sido consciente de lo
mucho que anhelaba tener sobre mí el cuerpo de Roman hasta ese
momento. Anhelaba recorrer su espalda con mis manos, enredar mis
dedos en su pelo, oler su cuerpo, besar su cuello.
- Tranquila – susurró Roman en mi oído mientras besaba de manera dolorosamente lenta mi cuello – relájate.
Con manos expertas me ayudó a
deshacerme de la sudadera, sudadera que no tardó en estar tirada en
el suelo junto al jersey y la cazadora de Roman.
Apenas podía creer que aquello
estuviera sucediendo de verdad. Atrás quedaban ya nuestras
discusiones, nuestros reproches y nuestros insultos. En ese momento
solo existíamos él y yo, sin complicaciones, sin terceras personas
de por medio, sin nada que pudiera estropear lo que estábamos
viviendo.
O al menos eso pensaba yo, mientras
Roman besaba con delicadeza mi vientre, hasta que su móvil comenzó
a resonar en el bolsillo de sus vaqueros.
- No contestes – supliqué con la respiración entrecortada – por favor, no contestes.
Roman se incorporó y sin apartar la
mirada de mí sacó su móvil del bolsillo y lo lanzó hasta la otra
punta de la cama.
Jamás el ignorar una llamada me
satisfizo tanto. Me sentía pletórica y todo porque con aquel simple
gesto Roman me había demostrado mucho mas de lo que él se
imaginaba.
- ¿Por dónde íbamos? - me preguntó de manera pícara - ¡ah, si! ya recuerdo.
Continuamos besándonos con avidez,
o al menos hasta que el móvil de Roman volvió a sonar. Esta vez
decidió contestar, supongo que en un intento de conseguir que no nos
interrumpieran mas pero fuera quien fuese el o la que estuviera al
otro lado de la línea consiguió romper en mil pedazos nuestro
momento.
De repente el semblante de Roman
había cambiado y su cuerpo estaba totalmente en tensión. No me
atreví a preguntarle qué sucedía pero una pequeña señal de
alarmar había comenzado a sonar en mi cabeza.
- En menos de una hora estaré en tu casa ¿de acuerdo? - terminó por decirle Roman a dios sabe quien.
Una vez que colgó se apartó de mi
lado y se levantó de la cama sin decir ni una sola palabra. Solo
cuando se hubo puesto de nuevo su jersey y cogido del suelo la
cazadora se atrevió a decirme:
- Tengo que irme.
- ¿Así sin mas? - pregunté confundida - ¿quién era? ¿ha pasado algo?
- Era Betty – confesó Roman – quiere que vaya a verla, al parecer tiene que contarme algo y es demasiado importante como para hacerlo por teléfono.
- Genial – contesté alcanzado la sudadera y poniéndomela rápidamente – ya puedes irte, no vaya a ser que llegues tarde.
- Prue yo... lo siento, tengo que ir – se acercó nuevamente a la cama y se acuclilló frente a mí – lo entiendes ¿verdad?
- No, no lo entiendo – negué – pero tampoco puedo hacer nada ¿no?
Estaba claro que no podía ser
todo tan bonito. Pensastes que al final te habías salido con la tuya
pero la realidad es que Betty siempre irá tres pasos por delante de
ti. Asúmelo querida, cazó a Roman. Has perdido. You lost.
- ¿Podrías... podrías no contarle a nadie lo que acaba de pasar? - me preguntó algo azorado.
- Por supuesto – contesté con un nudo en la garganta – no querría por nada del mundo avergonzarte.
- No me averguenzo de lo que acaba de pasar Prue – aclaró Roman – es solo que... entiéndelo, tengo novia.
- Si, ya sé que tienes novia. Él que parecía no saberlo hace unos segundos eras tú.
- Prue por favor... - farfulló Roman posando sus manos sobre mis rodillas, manos que aparté de un manotazo.
- Jamás vuelvas a tocarme – le avisé con voz entrecortada – y ahora vete, tu novia te espera.
Abatido,
Roman se puso en pie y sin mas salió de la habitación.
Estúpida. Estúpida. Estúpida.
Estúpida. Estúpida. Estúpida. Estúpida. Estúpida. Estúpida.
ESTÚPIDA.
Courtney no tardó en aparecer.
Sabía, sin necesidad de que yo se lo dijera, que la cosa finalmente
no había ido bien por lo que se limitó a sentarse junto a mí y a
estrechar con fuerza mi mano. Apoyé desalentada mi cabeza sobre su
hombro y con un hilo de voz musité:
- Le quiero tanto que le odio.
Je vous detesté.